ACNUR estudió los efectos psicosociales en los migrantes y refugiados venezolanos que se encuentran alojados en albergues de Lima

(Lima, 27/11/2019) De acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), los flujos de personas venezolanas que se han desplazado a otros países, y en especial en América Latina, ha pasado de una cifra menor de 800,000 personas en el 2015 a más de 4 millones a junio de 2019. Esto debido a la interrupción del funcionamiento de las instituciones democráticas y el Estado de derecho y su impacto en el mantenimiento de la seguridad, la estabilidad económica, la salud, la paz pública y el sistema de bienestar general. En ese sentido, Perú se ha consolidado como el segundo país receptor de personas venezolanas y el primero que recibe a solicitantes de la condición de refugiado de esta nacionalidad. A diferencia de Venezuela, el Perú no era un país acostumbrado a recibir importantes flujos de personas refugiadas y migrantes (Castillo y Reguant, 2017; Mora, 2018; Blouin, 2019). Según ACNUR, son varias las dificultades que enfrentan las personas refugiadas y migrantes venezolanas en la región. Según la encuesta regional de monitoreo de protección realizada en el primer semestre de 2019 en 8 países de la región, el 34% de la población encuestada no tenía ningún tipo de permiso de entrada o de estancia; mientras que, el 66% de las personas entrevistadas dijeron que estaban desempleadas o trabajaban informalmente. Asimismo, la búsqueda de vivienda también fue identificada como un problema para casi la mitad de los y las encuestadas. Esta situación concuerda directamente con el caso peruano donde se han identificado dificultades para el acceso a la documentación, el trabajo, la vivienda y los servicios de salud.

Tal como lo muestra el estudio de Sosa y Zubieta (2015), las dificultades de adaptación sociocultural responden en primer lugar a dificultades de índole práctica (permisos de residencia, posibilidades de trabajo, coberturas de salud); seguido de problemas para mantener los hábitos y tradiciones propios del país de origen, así como, para adaptar los hábitos y costumbres del país receptor. Así, se plantea la integración en función de las condiciones del país receptor y del proceso de interacciones entre las personas refugiadas y migrantes y las personas de la sociedad receptora, y de cómo este proceso de integración, que se vive en colectivo, encuentra en el apoyo social uno de los recursos más potentes para enfrentar esta situación.

Si bien se han producido una serie de estudios sobre procesos de inclusión de la población venezolana en Perú, son pocos los que han abordado la dimensión psicosocial. Por esta razón, el presente estudio busca comprender los impactos psicosociales del proceso de movilidad humana de la población venezolana que ha llegado al Perú en el último año, y particularmente, aquella que no tiene vivienda y debe llegar a residir en un albergue. Para ello, resulta necesario conocer el contexto de su llegada, la vinculación de las personas con el entorno y las estrategias psicosociales para enfrentar dicha situación. El documento ha sido construido desde el enfoque de la psicología social comunitaria que ofrece un marco de comprensión integral desde las relaciones como colectivo y los modos de vinculación e integración que pueden tener con su lugar de procedencia y de destino. El diagnóstico busca identificar los malestares y su expresión, así como, los recursos y capacidades para la vinculación con los otros y el entorno, a fin de incluir un contexto que involucre tanto a los propios refugiados y migrantes como a las personas con las cuales se relacionan. De ese modo, se pretende contribuir a incorporar la necesidad de acompañamiento psicosocial en intervenciones futuras para el colectivo de refugiados y migrantes que atraviesan una situación y momento histórico particulares. En definitiva, un enfoque psicosocial hacia las personas refugiadas y migrantes venezolanas debe integrar el reconocimiento del sufrimiento individual y, a la vez, las dinámicas sociales y las vivencias colectivas en el contexto en que se desarrollan. También se debe aclarar que este estudio pone en evidencia el impacto psicosocial vinculado a categorías psicológicas, pero no es su intención establecer diagnósticos clínicos que caractericen el estado de salud mental de las personas.

Es importante también aclarar que se trata de un diagnóstico rápido. En ese sentido, sirve como punto de partida para realizar otros estudios, pero al mismo tiempo identifica dificultades y estrategias para la intervención temprana. Fue realizado mediante una selección de entrevistas a actores claves ubicados principalmente en los albergues, aunque también incluye entrevistas a actores de instituciones públicas y ONG. De esta forma, se buscó tener un primer acercamiento a los impactos psicosociales de la población venezolana que reside en los albergues.

El informe está estructurado en cuatro apartados. En la primera parte se presentan los conceptos claves, el estado de la cuestión y la metodología; en la segunda parte se aborda el perfil de los albergues y los modos de vinculación de las personas refugiadas y migrantes mediante las relaciones sociales y redes de apoyo. En la tercera parte se recogen los impactos psicosociales en las personas refugiadas y migrantes venezolanas; mientras que, en el cuarto apartado se incorporan las alternativas para enfrentar esta situación. Finalmente, se presentan las conclusiones y recomendaciones del estudio.

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