Plan International recopila testimonios de migrantes y refugiados venezolanos donde describen los abusos y dificultades a las que se enfrentan

Entre junio y julio 2019, en aras de la ejecución del plan de respuesta regional para la crisis migratoria venezolana de la organización Plan International, visitó un total de 7 ciudades entre Colombia, Ecuador y Perú. Allí estuvieron en contacto con los refugiados y migrantes venezolanos para conocer sobre los retos que enfrentan durante sus viajes, y analizar sus necesidades relacionadas a mecanismos de protección, violencia, prevención y salud sexual y reproductiva.

En el reporte Plan International define esta situación como una «crisis de protección». En el informe recopilaron testimonios 17 venezolanos refugiados: niños, adolescentes y jóvenes entre 10 a 54 años, quienes compartieron información de primera mano sobre como dejaron sus hogares para escapar de la crisis política y económica en Venezuela.

Venezuela (recuerda Plan), fue un lugar seguro para los migrantes que huían de la violencia, pero hoy es uno de los países más violentos de América Latina. Tan solo en 2018, fueron documentadas más de 23.000 muertes violentas. Uno de los entrevistados, Carlos*, 18 años, quién solía protestar contra el gobierno, decidió irse del país luego de recibir amenazas de muerte. «Alguien se me acercó y me dijo que me matarían. Era una amenaza personal». Mientras tanto, Vanessa*, una adolescente de 16 años que viaja sin compañía, indica «Venezuela ya no es la misma. Hoy en día pueden atacarte y golpearte sin razón alguna, incluso si eres menor de edad».

«Casi 4.5 millones de personas han dejado el país, convirtiéndola en la segunda peor crisis migratoria luego de Siria», asegura la organización. Además, destaca que los venezolanos se encuentran tan desesperados por conseguir empleos y enviar dinero a sus familiares terminan realizando peligrosos viajes. Además, inician sus «nuevos comienzos» al cruzar la frontera hacia Colombia usando rutas ilegales conocidas como «trochas», en las cuales hay presencia de grupos armados ilegales que agravan la vulnerabilidad y los exponen al peligro. Ema*, 20 años, recuerda un consejo que le fue dado, «Antes de irme se me aconsejo no plancharme el cabello o maquillarme cuando cruzara la frontera. Trata de no verte atractiva, porque hay hombres armados y pueden enamorarse de ti y tendrás que hacer lo que ellos quieran».

Sin embargo, los refugiados y migrantes también se encuentran expuestos a crímenes comunes y violencia generalizada en el exterior. Daniel*, de 17 años, fue víctima de ataques xenófobos en Ecuador: «Pensamos que necesitaríamos pasar la noche en la plaza cuando las personas comenzaron a gritar «¡Váyanse venezolanos, no los queremos aquí!» Luego, comenzaron a atacarnos mientras nos decían que nos fuéramos de su país. Corrimos, temiendo que nos mataran».

Así como Ana Sofía, más de 800.000 niños y adolescentes de Venezuela han sido separados de sus padres. «Se suma el incremento en el número de niños sin compañía, quienes son particularmente vulnerables», indica la organización humanitaria. Matías, 25 años, planeaba viajar directamente hacia Chile, pero decidió alterar su ruta para así poder acompañar a 13 adolescentes que estaban viajando solos y los ayudó a reunirse con sus familias. «Nunca había dormido en las calles antes, y me sentí muy asustado la primera vez que lo hice. Luego pensé sobre esos niños y las malas personas que podrían lastimarlos, y sabía que tenía que hacer algo», explicó.

«Esta situación es particularmente preocupante para las niñas y mujeres», alerta Plan. La violencia sexual y de género se ha vuelto de forma sistemática en opresión e intimidación tanto en Venezuela como en el extranjero. Helena, una adolescente sin compañía de 16 años, recuerda cuando viajó en un camión junto a otra mujer migrante y su bebé. «Nunca conversamos con el conductor. Una vez que llegamos, la mujer trato de bajar junto a su bebé pero el conductor la agarró de la mano y le dijo que debía pagar. No se podía ir sin antes tener sexo con él». Para Luciana*, el acoso se ha vuelto una situación frecuente: «Cuando les dices no, te tratan como a un perro. A algunas chicas le han escupido sus caras, como si tuvieran la obligación de tener sexo con estos hombres solo por ser migrantes».

En el informe se retrata la desinformación sobre los derechos y las vulnerabilidades de los refugiados y migrantes. «Para ser honesta, no sabíamos que hacer si eramos abusadas. Ni siquiera sabíamos donde recibir una guía o como prevenir un embarazo no deseado», compartió Paola*. Y cuando se trata sobre derechos laborales, Gabriela* aboga por la necesidad de educar a las comunidades anfitrionas. «Las organizaciones que brindan ayuda nos dijeron que tenemos permitido trabajar, pero las personas no están informadas, y creen que nuestros documentos no son suficiente. Así que siempre debemos llevar una copia de la ley para demostrar nuestro derecho al trabajo».

En 2018, la organización decidió aplicar una respuesta regional en Colombia, Ecuador, y Perú para mejorar las condiciones de vida de los refugiados y migrantes venezolanos durante el tránsito y establecimiento. Más de 180.000 personas y sus familias han recibido apoyo a través de estos países, sin embargo nuevas acciones se realizarán para permitirles reconstruir sus vidas y un ambiente libre de violencia y sostenible, afirma la organización.

* Los nombres han sido modificados para proteger a los participantes.

Traducción no oficial

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