Eduardo Stein presentó su informe durante la Tercera Reunión de Quito: “El Proceso de Quito merece tener una continuidad a mediano y hasta a largo plazo”

(Quito, 15/04/2019) Durante la Tercera Reunión Técnica Internacional sobre Movilidad Humana de Personas Venezolanas en las Américas, el representante especial para la migración venezolana designado por el Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR) y lo Organización Internacional para las Migraciones  (OIM) , Eduardo Stein, presentó su informe sobre la situación de la migración venezolana en la región.

Según las últimas cifras, la situación que enfrenta la República Bolivariana de Venezuela ha ocasionado el éxodo de más de 3,4 millones de personas refugiadas y migrantes hacia distintos países de la región. El contexto que se está viviendo es inédito, muy complejo y exigente, y los países receptores han multiplicado los esfuerzos para mantener una política de puertas abiertas con el fin de atender las necesidades humanitarias y de protección imperantes.

Como se discutió durante la primera y la segunda reunión técnica internacional sobre la movilidad humana de personas venezolanas, los retos a los cuales se enfrentan los países en materia de protección y de inclusión social y económica son extraordinariamente significativos y demandantes. Esto no ha cambiado, y las cifras de personas saliendo del territorio venezolano siguen aumentando. Los gobiernos de estos países se enfrentan a enormes sobrecargas de recursos y servicios básicos con presupuestos exhaustos, y capacidades institucionales desbordadas. Y en algunas comunidades y territorios receptores las autoridades locales y el gobierno central, junto con diversas organizaciones de sociedad civil han debido desplegar grandes esfuerzos con gran creatividad para enfrentar las dinámicas resultantes de estos masivos desplazamientos, sobre todo en las consecuencias que conlleva su inserción en el mediano plazo en las comunidades receptoras.

En este escenario, adquiere una trascendencia máxima la necesidad de fortalecer los mecanismos de coordinación regional para promover una respuesta integral, armonizada y coherente frente a este éxodo, por una parte, y por otra parte requiere una movilización mayor del apoyo de la comunidad internacional. La adopción de la “Declaración de Quito sobre Movilidad Humana sobre movilidad humana de ciudadanos venezolanos en la región” el 4 setiembre de 2018 y del “Plan de Acción del Proceso Quito sobre la Movilidad Humana de Nacionales Venezolanos en la Región” del 23 de noviembre de ese mismo año, sentó las bases para constituir lo que hoy denominamos como Proceso Quito. Este Plan Regional para atender a esta población ha permitido, como punto de partida, lo siguiente:

• Identificar los principales desafíos y delinear una hoja de ruta para asegurar el acceso y estadía legal de la población venezolana, tomando en consideración sus necesidades específicas en materia de protección y atención humanitaria.

• Proponer el establecimiento de mecanismos de intercambio de buenas prácticas para facilitar la inclusión social y económica de esta población en las comunidades receptoras.

• Establecer metas y compromisos netamente operativos y humanitarios para fomentar la articulación entre Estados y facilitar la movilización del apoyo por parte de la cooperación bilateral y multilateral.

Al día de hoy, como parte de la implementación del Plan de Acción, los países de la región han presentado avances muy importantes, dentro de los cuales destacan una serie de medidas para acoger, bajo distintos marcos legales, a las personas venezolanas en sus territorios. Asimismo, resulta muy positiva la articulación entre países para el intercambio de experiencias y buenas prácticas en la gestión de estos flujos migratorios, y la movilización de cooperación internacional para encontrar un apoyo mayor a las respuestas humanitarias necesarias.

El Proceso Quito, a nivel internacional, es un referente de coordinación regional en un contexto de éxodo masivo de personas nunca antes experimentado en América Latina, como el que se vive desde Venezuela. Como tal, se ha comprendido que nos encontramos frente a una situación humanitaria y de protección excepcional, en donde los tradicionales marcos migratorios requieren de medidas específicas de adaptación para encontrar soluciones pragmáticas. En la práctica los países están construyendo entre sí un nuevo paradigma. Los resultados del Proceso Quito podrían inclusive sentar las bases de los sistemas legislativos y de política pública de la región, relativos a las migraciones y a las respuestas a favor de las personas en necesidad de protección internacional en ese contexto en el Siglo XXI.

Ahora bien, los esfuerzos para acoger a las personas venezolanas en la región deben redoblarse con el fin de avanzar cada vez más hacia una mayor inclusión y un mayor acompañamiento a las comunidades de recepción, lo que conlleva necesariamente esfuerzos más contundentes contra todas las formas de discriminación y xenofobia en este contexto.

La consistencia y armonización regional de estas respuestas bajo una perspectiva de derechos humanos es, desde nuestra perspectiva, el principal valor agregado de este Proceso. Este esfuerzo es coherente con la tradición de enorme generosidad latinoamericana cuando ha sido necesaria la acogida de nuestros hermanos y hermanas ante situaciones como las que viven hoy las personas venezolanas.

En consecuencia, y dada su trascendencia y su valor real, el Proceso Quito merece tener una continuidad a mediano y hasta a largo plazo, hasta tanto las necesidades de protección y humanitarias de estas personas no cesen. Esta continuidad es absolutamente vital pues, sumado a los números de personas que ya han debido salir de Venezuela y que requieren respuestas inmediatas, las proyecciones indican que el éxodo continuará, y la región debe saber responder cada vez de manera más articulada a esta situación, con la cooperación internacional a su lado.

Por lo anterior, agradecemos el liderazgo que asumió el Ecuador para poner a caminar muy exitosamente este proceso, y celebramos el ofrecimiento de relevo de Argentina para asumir este rol de coordinación y liderazgo para las reuniones siguientes. Tengan por garantizado que este mecanismo de seguimiento contará con todo el apoyo de quien suscribe y de la OIM y el ACNUR para llevar a buen puerto los objetivos planteados.

Como Ustedes saben, en septiembre de 2018, el Director General de la OIM y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados me designaron como Representante Especial Conjunto del ACNUR y de la OIM para Refugiados y Migrantes de Venezuela. En ese rol particular, me solicitaron tareas específicas como:

  • Impulsar una visión regional común
  • Fomentar el dialogo y la colaboración entre Estados
  • Facilitar la articulación con actores relevantes para consolidar la respuesta humanitaria
  • Fortalecer los mecanismos de protección y promover soluciones para los refugiados y migrantes de Venezuela.

Para leer el informe oficial, ingresa aquí